Bienvenidos, hijos de la gran puta

Rumbo a mi casa

 Calor asfixiante. Los pájaritos cantan. Las nuves se levantan.

Ya no caén las benditas lluvias que os alejaban de mi: ahora Lorenzo os saca de la jaula, de la que nunca deberíais haber salido.

Ya el viento no trae el frescor propio del clima de esta parte del norte: ahora trae todo lo que el sobra al chopo, a las flores, a los árboles…

Y con ello, con todo ello, viene ese gran mal, que me persigue desde temprana edad, que hace que me lloren los ojos, me pique la garganta, las orejas, la nariz… Hace calor para sacar la chamarra y no puedo llevar encima la cantidad de Kleenex que necesito.

Ya no puedo salir a la calle sin sufrir las consecuencias de cruzarme con vosotros, o estar drogada, por mi propio bien.

Odio el clima primaveral y estival, odio el puto calor, pero sobre todo odio lo que acarrea: ALERGIA 

Bienvenidos, hijos de la grandísima puta. Cuando os aburráis de amargarme la vida espero que tanta paz llevéis como descanso dejais.

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